Preparativos de la fiesta: pegada de carteles.
La noche se prometía larga y fecunda en sensaciones placenteras a la vez que salvajes.
El primero en ocupar la cabina fue DJ Vespaman. Se acuerdan ustedes de aquellos cacharros setentinos, los "comediscos"?

DJ Pause, con el dedo puesto en el ídem, haciendo gala de los lapsus dramaticos que le han hecho famoso.

DJ Pacoplaza y su insuperable cóctel rumba'n'baz.
Cuando llegó el turno de DJ Juancho, el despiporre ya era de aúpa, y los cubatas y el Speed (marca registrada) campaban a sus anchas.
DJ Pig luciendo su camiseta de Pocholo, especialmente diseñada para la ocasión.
Y fuera de programa, la aparición estelar de DJ Anchoíta, el rey de las mezclas: gin-tonic, por ejemplo.
Momento virulé: no hay platos pa tanta gente!
Los ligres que esta vez no pasaron por cabina también disfrutaron lo suyo desde la pista.
Éxito sin precedentes. (No es de extrañar, teniendo en cuenta que era la primera fiesta que organizábamos).
Poco a poco, los tics y las muecas empezaron a aflorar en los rostros ligriles.
Hubo ocasión para el alterne con lo más chic de nuestra sociedad.
DJ Juancho con el presidente de la delegación del club de fans de las Tatu en el Camp de Morvedre.
Otras invitadas de excepción: Las Grecas y su manager. (Como todo el mundo sabe, Las Grecas son como Los Panchos o Boney M: grupos clásicos y eternos que mutan y se clonan continuamente).
Algún espabilado quiso sacar tajada del evento, con desigual fortuna.
Pero nadie como un verdadero ligre para llevárselas a pares.
Los ligres podemos ser salvajes si nos lo proponemos, pero también sabemos hacernos querer.
Qué les había dicho? Si es que el efecto de las feromonas ligriles es difícil de soportar.
Despedida y cierre, tras un maratón de más de siete horas. Hasta la próxima!