Creamfields Andalucía,
playa de Villaricos, Almería,
sábado 14 agosto 2004


El festival, concentrado en un sólo día, constituía la primera operación de la corporación Cream en la península. Cream empezó siendo un club de Liverpool, pero hoy día se ha convertido en una macroempresa que monta espectáculos por medio mundo. La verdad es que se notaba el regustillo guiri a la hora de confeccionar el cartel, dejando aparte las incorporaciones nacionales como Buenavista y Ángel Molina.

La moda de amogollonar tantos artistas en unas pocas horas, con hasta 4 eventos simultáneos, empieza a cansarme. Al final te pasas más tiempo corriendo de un espacio a otro que disfrutando de las sesiones, que además tienen que ser necesariamente cortas, y si luego repasas ves que tampoco te ha salido tan barato.

Organizativamente hubo varios puntos manifiestamente mejorables. El lugar, los aledaños de una playa almeriense muy cerca de Palomares (la bomba, Fraga en Meyba...) era de bastante difícil acceso, y no hubiera sido mala idea disponer señales a lo largo de la carretera o en los desvíos. La estampa de una caravana de más de una docena de vehículos (algunos forasteros pero la mayoría andaluces) levantando nubes de polvo, practicamente perdidos en el desierto, resultaba pintoresca. Tanto la policía local como los servicios hosteleros de la comarca se vieron desbordados: tremendos atascos y bares con las existencias agotadas a media tarde. Por lo visto no sabían lo que se les venía encima: 20.000 asistentes según la propia organización.

El recinto era bastante amplio, con 2 escenarios y 2 carpas de un tamaño comparable a las del FIB. Toda la zona estaba cubierta de una arenilla oscura muy sucia, aunque tanto el suelo de las carpas como de los primeros metros ante los escenarios estaban cubiertos de plástico, que impedían que se formara barrillo pero también causaban charcos de bebida y otros líquidos. El sonido fue en general bastante bueno, y los horarios se cumplieron de manera razonable. El servicio de barras no era todo lo numeroso y profesional que hubiera sido necesario, y tampoco hubieran sobrado más urinarios. El mercadito casi simbólico: un stand de Sinnamon (la promotora catalana organizadora del festival), otro del ayuntamiento, otro de Energy Control y poco más.

El público variadito, bastante juvenil y con ganas de fiesta, con predominio de descamisaos. Mucho menos maqueaos que en el FIB o en el Sónar (no tanto el Sónar de noche, que también es bastante garrulete).

Como ya he dicho, estuve casi toda la noche en un sinvivir, no queriendo perderme demasiado y en consecuencia sin disfrutar de ninguna sesión ni concierto en su totalidad. Paso a comentar aquellos a los que dediqué más tiempo.

Erick Morillo. El morenito se dedicó a lo suyo: house más o menos latino, cantadito, agradable o empalagoso según gustos. Demasiado efectista con los mandos, tanto subidón y tanto filtrado. Eso sí, ejecución rayando en la perfección, y sonrisas a raudales.

The Orb. El doctor Paterson pinchando, otro tipo a la mesa y efectos y otro más tocando el bajo. Relecturas de sus clásicos, con buen sonido con abundancia de graves, ideal para el dub. El señor ya debe tener una edad, pero se le veía a gusto, dando saltitos y todo. Durante un tiempo U.F.Orb me tuvo bastante obsesionado, así que tenía muchas ganas de verlos en directo y no me decepcionaron.

Massive Attack. Vale que su mejor época ya pasó, que de la formación original sólo queda 3D... Pero lo que está claro es que todavía son capaces de dar un espectáculo impecable, con un sonido cristalino y envolvente a la vez, un juego de luces muy elegante y un repertorio de flipar. Mención aparte el vibrato sobrenatural de Horace Andy.

Miss Kittin. Sólo estuve dos ratitos, porque coincidía con Layo & Bushwacka!, pero la vi más suelta que hace unos meses en Barraca, más numerera y con más ganas de micro. Le ha crecido el pelo y no está tan hombruna como antes. Me encanta.

Layo & Bushwacka!. El año pasado cerraron el FIB por todo lo alto, así que también tenía muchas ganas de verlos. House timbalero del que te pone muy nervioso como no te pongas a bailar. Una pena no haberlos podido gozar como se merecían.

Slam live!. Lo de estos tipos, salvando las distancias, es algo así como lo que deberían estar haciendo los Chemical si no se hubieran vuelto tan cansinos: un espectáculo de techno (más o menos) en directo, vistoso, ideal para recintos gigantes y apto para todos los públicos. Preséntaselos a algún amigo o familiar de esos que no le acaban de sacar punta a la música electrónica. Tienen su gracia.

Fatboy Slim. Nadie le negará el carisma a este hombre, aunque a veces le puedan las payasadas. Pasó bastante rato poniendo hip-hop (lo cual me sorprendió) y también cosas más pop-rock (White Stripes, Blur...). Verbenero, en todos los sentidos de la palabra. No ha inventado nada, pero si vas con ganas de divertirte (y sin demasiados prejucios) te puede hacer pasar un muy buen rato.

Angel Molina. Le tocó cerrar el festival y recoger a la gente del resto de espacios, y la verdad es que lo hizo muy bien. Trallero sin ser guarro. Buen fin de fiesta a cielo abierto cuando ya apetecía buscar sombra.

En resumidas cuentas, un festival mejorable pero que deja un balance positivo. A mi me ha gustado más que el FIB de este año (la parte "electrónica", se entiende). Para mí ganaría si repartieran el cartel en dos noches. Poder elegir entre varios escenarios con música suficientemente diferente, como en el FIB, está bien. Tener que sacrificar parte de la actuación de The Orb por ver a Massive Attack, o de Miss Kittin por Layo & Bushwacka da mucha rabia.


Todavía se puede sentir la radioactividad de la bomba F (de Fraga)


Los aspersores estaban diseñados para crear un microclima fresquito, pero lo que producían era un barrizal gorrino


Stand de Energy Control: el que avisa no es traidor


El paraíso del carpista festivalero


El doctor Paterson orbitando


Massive Attack: quien tuvo, retuvo


Fatboy Slim: para llevarse las manos a la cabeza

 


Viva la vida social y el alterne

 


Pues eso, que viva el jijijí y el jajajá

 


Angel Molina a punto estuvo de provocar más de una insolación

 


Chillout sombrillero en la playita