
Al "escritor" John Grisham, fabricante de
best-sellers como si fueran churros, le preguntaron acerca de la calidad de sus novelas y contestó: "Yo no escribo literatura". En Francia se preguntan si
Frédéric Beigbeder ("
13,99 euros" y "
Socorro, perdón"; ambos disponibles en Anagrama) es un bufón o un escritor.
Mi opinión es que adopta una postura de enfant terrible provocador que tan buenos resultados le ha dado a su amigo Houllebecq (quién por cierto estrena la semana que viene en Sitges la película- dirigida y producida por él-"La possibileté d'une ile", adaptación de su novela homónima).
Ambas novelas están protagonizadas por Octave Parango, una especie de alter ego del propio Beigbeder pero en psicopáta, que nos revela las miserias del mundo de la publicidad en "13,99 euros" y del mundo de los modelhunters en "Socorro, perdón". En ambas el escritor analiza la situación sociopolítica del mundo y como poco a poco hemos entrado en una nueva era de dictadura: la del fashismo (neologismo resultante entre fashion y fascismo), en la que domina lo físico, el ansia por mantenerse guapo/a y a la moda.
En una entrevista de hace un par de domingos en Página 2, (véase en TVE 2 los domingos a las 21:00; una prueba contundente de cómo hacer un programa de literatura entretenido sin las dosis de soporífera pedantería que tenían los de Sánchez Dragó) afirmó que sus libros están plagados de "generalizaciones apresuradas", frases que bajo una primera lectura resultan muy chocantes y llamativas pero que si se analizan pierden bastante fuelle, llegan a ser demagógicas o no pasan de la chorrada. En "Socorro, perdón", por ejemplo, escribe: "Las mujeres americanas son demasiado sanas, las francesas demasiado caprichosas, las alemanas demasiado deportivas, las japonesas demasiado sumisas, las italianas demasiado celosas, las holandesas demasiado liberadas y las españolas demasiado cansadas".
Y en "13, 99": "Con la inversión publictaria en espacio de los anunciantes europeos se podría paliar diez veces el hambre de los países del tercer mundo, pero los anuciantes prefieren machacar a los pobres con productos que apenas pueden comprar antes que darles de comer".
Con estas frases el autor pretende que el lector reflexione sobre el tema, sin importarle demasiado la veracidad total de las mismas. Este es el truco de Beigbeder. Por eso sus novelas pese a que se leen de corrido y son divertidas, no deben tomarse demasiado en serio. Y es bastante sencillo escribir frases como él, a mi se me ha ocurrido alguna:
La revista Cuore es nihilismo puro con gotitas de un derivado de filosofía existencialista puesto al día . Una versión light de “Así habla Zarasutra” para muchachitas adolescentes. Sartre tenía náusea y si uno lee la Cuore y la analiza no puede sino sentir también una arcada por la vacuidad moral de sus contenidos: descubrir que la vida no posee de manera objetiva ningún significado, propósito,verdad comprensible o valor esencial superior- y que no nos debemos a éstos- es más fácil de asumir hojeando sus páginas.