Barna News
El fin de semana ha transcurrido tranquilo en la ciudad condal. No os hablaré de la derrota del Barça ni del cisma que se está viviendo en las filas de Esquerra Republicana.
Mi atención se ha centrado en un titular del diario La Vanguardia: El Ayuntamiento de Barcelona no dará más licencias para la apertura de tiendas de souvenirs. La verdad es que el tema me atañe por vivir al lado de la Sagrada Familia, centro neurálgico de estos simpáticos locales. Sublimación de la cultura kitsch, en sus escaparates podemos encontrar desde libros sobre la arquitectura de Gaudí, pasando por todo tipo de merchandising about Ronaldiño, la típica muñequita flamenca, el peluche del toro de Osborne o imanes de la Pedrera y la casa Batlló. Solo faltan camisetas Ligres.
Mención aparte para las sudaderas del Che Guevara, Bob Marley, etc… Lo que en sus tiempos fue revolucionario, hoy se ha convertido en producto, en un icono que vende. Cómo Almodóvar, Alaska, Bibiana and company en el Baile de la Rosa de Mónaco. Me desvió del tema para apuntar que, para mí, han traicionado lo poco que podía quedar del espíritu de la Movida prestándose a hacer un circo en una cena de 850 euros el cubierto. La movida era caspa, cutreglam, música en vivo o en cassete, estética punk… Me niego a asociarlo a este evento de la alta burguesía monegasca. Es su antítesis. Y me da igual que Almodóvar con su verborrea farlopera trate de justificarlo en los medios.


Bueno, concluyendo. El target objetivo de clientes de estos establecimientos es güiris de entre 15 y 70 años con gustos horteras y ganas de dejarse los euros en un recuerdo para nada consecuente con lo que es la ciudad en sí. El fin último del souvenir pasa por engrosar la decoración de sus pisos en sus países de origen o ser regalado a un familiar/amigo güiri y acabar inevitablemente en la basura. Barcelona is good, ¡oh yeah!
Mi atención se ha centrado en un titular del diario La Vanguardia: El Ayuntamiento de Barcelona no dará más licencias para la apertura de tiendas de souvenirs. La verdad es que el tema me atañe por vivir al lado de la Sagrada Familia, centro neurálgico de estos simpáticos locales. Sublimación de la cultura kitsch, en sus escaparates podemos encontrar desde libros sobre la arquitectura de Gaudí, pasando por todo tipo de merchandising about Ronaldiño, la típica muñequita flamenca, el peluche del toro de Osborne o imanes de la Pedrera y la casa Batlló. Solo faltan camisetas Ligres.
Mención aparte para las sudaderas del Che Guevara, Bob Marley, etc… Lo que en sus tiempos fue revolucionario, hoy se ha convertido en producto, en un icono que vende. Cómo Almodóvar, Alaska, Bibiana and company en el Baile de la Rosa de Mónaco. Me desvió del tema para apuntar que, para mí, han traicionado lo poco que podía quedar del espíritu de la Movida prestándose a hacer un circo en una cena de 850 euros el cubierto. La movida era caspa, cutreglam, música en vivo o en cassete, estética punk… Me niego a asociarlo a este evento de la alta burguesía monegasca. Es su antítesis. Y me da igual que Almodóvar con su verborrea farlopera trate de justificarlo en los medios.

Bueno, concluyendo. El target objetivo de clientes de estos establecimientos es güiris de entre 15 y 70 años con gustos horteras y ganas de dejarse los euros en un recuerdo para nada consecuente con lo que es la ciudad en sí. El fin último del souvenir pasa por engrosar la decoración de sus pisos en sus países de origen o ser regalado a un familiar/amigo güiri y acabar inevitablemente en la basura. Barcelona is good, ¡oh yeah!







Mensaje de Vespaman:
Como el sábado se celebra el Día Internacional de la Mujer, no está de más recordar a una de las principales intelectuales del movimiento feminista, practicamente ignorada en estos tiempos de utracorrección política. Valérie Solanas era lesbiana, fea, esquizofrénica y depresiva, pero si ha pasado a la historia es por sus aportaciones a la cultura y el pensamiento del siglo XX.

No es un fotomontaje, no. Es que el amigüito Gurru, el de 

















