A bailarrrrr!!!
Pobre pelirroja, va a coger la pallola con el calor que hace.


El tabú es una prohibición muy antigua, impuesta desde el exterior (por una autoridad) y dirigida contra los deseos más intensos del hombre. La tendencia a transgredirla persiste en lo inconsciente. Los hombres que obedecen al tabú observan una actitud ambivalente con respecto a aquello que es tabú. La fuerza mágica atribuida al tabú se reduce a su poder de inducir al hombre en tentación: se comporta como un contagio, porque el ejemplo es siempre contagioso y porque el deseo prohibitivo se desplaza en lo inconsciente sobre otros objetos. La expiación de la violación de un tabú por renunciamiento prueba que es un renunciamiento lo que constituye la base del tabú.
La actitud de los pueblos primitivos hacia sus jefes, reyes y sacerdotes se halla regida por dos principios que parecen completarse más que contradecirse. El súbdito debe preservarse de ellos y debe protegerlos. Estos dos fines quedan cumplidos por medio de una multitud de prescripciones tabú. Sabemos ya por qué es necesario preservarse de los señores: son portadores de aquella fuerza mágica misteriosa y peligrosa que, como una carga eléctrica, se comunica por contacto y determina la muerte y la perdición de aquel que no se halla protegido por una carga equivalente. Por tanto, se evita todo contacto directo o indirecto con la peligrosa santidad, y para aquellos casos en los que este contacto no puede ser eludido, se ha inventado un ceremonial destinado a alejar las consecuencias temidas.
Sigmund Freud, Tótem y tabú. Alianza, 1999.
Viva la libertad de expresión! Viva el cachondeo! Y viva la república!
Desde hace mucho tiempo la sociedad de consumo se anuncia bajo el signo del exceso. (...) Cada dominio tiene un aspecto en cierto modo exagerado, desmesurado, extralimitado. Lo demuestran las técnicas y el que hayan trastornado vertiginosamente las referencias de la muerte, la alimentación o la procreación. Lo demuestran igualmente las imágenes del cuerpo en el hiperrealismo porno; la televisión y los espectáculos que practican la transparencia total: la galaxia Internet y su diluvio de montañas digitales: millones de sitios, miles de millones de páginas y de caracteres que se multiplican por dos cada año que pasa; el turismo y los ejércitos de veraneantes; las aglomeraciones urbanas, las megalópolis superpobladas, asfixiadas, tentaculares. (...) La escalada paroxística del «siempre más» se ha introducido en todos los ámbitos del conjunto colectivo.
La cultura despreocupada del carpe diem retrocede: con la presión ejercida por las normas de la prevención y la salud, lo que predomina no es tanto la plenitud del instante como un presente dividido, ansioso, atormentado por los virus y los desastres de la época.
Gilles Lipovetsky, Los tiempos hipermodernos. Anagrama, 2006.
Este viernes los ligres montamos una fiesta playera. Tendremos todo lo necesario para pasar una noche en la playa. Todo excepto la playa, claro.Y en vez de brisa marina, aire acondicionado. Pero todo lo demás (bañador, cremita, palas y cubos, pelotitas, colchonetas, salvavidas, bombón helado, chulos marcando paquete, chavalitas en topless...). Y sin miedo a insolaciones ni ahogamientos. Lo del corte de digestión ya es problema de cada cual.
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Ultimo chiste-dibujo del Gran Rumbetti ...hasta septiembre. ¡Feliz Verano!Etiquetas: Zinmerman Caricaturas Rumbeu
Bataille, en Valor de uso del Marqués de Sade, dividió a la sociedad en dos clases, que seguían dos regímenes opuestos: el régimen de apropiación (el burgués, el intelectual, el erudito, que continuamente se apropian de lo muerto: ya sea éste la «cosa muerta» que era para Marx el dinero, ya sea el cadáver de un escritor: el nombre del autor, su biografía y su bibliografía; el ironista, que utiliza la risa no para excretar, sino para apropiarse de lo que le resulta extraño) y el régimen de excreción: el proletario, i. e. el desposeído que continuamente se desposee —excreta— y que es, para la sociedad, un excremento: el —esquizofrénico— que el capitalismo produce como residuo, excremento, y que excreta con mucha más frecuencia que el homo normalis, y dibuja —como Mary Barnes— en la pared, con sus excrementos, la imagen de la Negación; el niño, ese otro «esclavo del hombre», al que el hombre castiga por jugar con sus excrementos, y al que Fourier proponía —teniendo en cuenta que a él no le repugnan, sino que ama sus excrementos, los considera (Freud) como sus «hijos»— para la limpieza de las alcantarillas: limpieza que podremos realizar todos, si la revolución libera al incesto y por consiguiente impide que la niñez concluya, y que tal vez, por esas mismas causas —porque entonces seremos niños y amaremos el excremento—, no sea entonces ni siquiera necesaria; pero, continuando con la lista de los partícipes del «régimen de excreción», el artista —Mary Barnes se hizo pintora cuando Laing admiró sus excrementos en la pared, y sabido es que la escritura, la palabra, es simbolizada por el excremento—, el escritor, o el filósofo-total, que vive sus signos, que vive su escritura, y escribe en su vida o en su «más-vida» (Girondo), o que, como decía Nietzsche, piensa lo que vive y vive lo que piensa: es decir, el antónimo del «intelectual», del literato, del «erudito trabajador», del filósofo socrático o post-socrático y pre-nietszcheano (o prekierkegaardíano). Y, para terminar la lista —esta nueva definición del Proletariado—, el perverso —el coprófilo—, el anciano (otro excluido por este sistema y encarcelado —en ese aparente asilo— por improductivo, y que ya no domina sus esfínteres anales), el brujo —si aún existiera— o satanista que en la misa negra devoraba excrementos y, punto Final, todo aquel que Ría con la risa del Humor, ya que la Risa fue equiparada por Bataille, en ese mismo texto, al acto de excretar.
Leopoldo María Panero, "Ironía y humor: régimen de apropiación y régimen de excreción", en el prólogo de Matemática demente, de Lewis Carroll. Tusquets, 1975.
El proper divendres, a les 19:30h, a la plaça de la Mare de Déu, tots en bici per a pegar una volteta estiuenca per la nostra benvolguda ciutat.