06 marzo 2008

Valérie Solanas y el feminismo radical

Como el sábado se celebra el Día Internacional de la Mujer, no está de más recordar a una de las principales intelectuales del movimiento feminista, practicamente ignorada en estos tiempos de utracorrección política. Valérie Solanas era lesbiana, fea, esquizofrénica y depresiva, pero si ha pasado a la historia es por sus aportaciones a la cultura y el pensamiento del siglo XX.

Su obra más conocida es el Manifesto de la Organización para el Exterminio del Hombre, un libelo bastante radical en el que aboga por un mundo libre de hombres. Lo que para unos es una sarta de animaladas, para otros no es más que una recopilación de gracietas más o menos ocurrentes, y reivindican cierta faceta incomprendida de Valérie como humorista, algo bruta y muy transgresora, eso sí. Para que juzguen ustedes mismos, ahí van unas cuantas perlas. El manifiesto empieza tal que así:
Vivir en esta sociedad significa, con suerte, morir de aburrimiento; nada concierne a las mujeres; pero, a las dotadas de una mente cívica, de sentido de la responsabilidad y de la búsqueda de emociones, les queda una – sólo una única – posibilidad: destruir el gobierno, eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización total y destruir al sexo masculino.
Ya ven: contra el aburrimiento, exterminio. Me muero de la risa. Qué cachonda la tía. Después de unas cuantas páginas, no muchas, porque Valérie era una mujer de acción, como más tarde veremos, y tenía mejores cosas que hacer, el panfleto termina de esta manera:
Sin embargo, los hombres racionales, no patearán ni pelearán ni armarán una lamentable pataleta; se quedarán mansamente sentados, relajados, gozando del espectáculo, dejándose llevar por las olas hasta su fatal extinción.
Ya sabeis amiguitos: relajaos y disfrutad lo poco que nos queda de vida. El texto completo del manifiesto no es difícil de encontrar por la red. Yo lo he consultado aquí.

Además del ensayo o el monólogo humorístico, Valérie también probó fortuna como guionista, y esto hizo que se acercara al círculo de Andy Warhol, en el Nueva York de finales de los 60. Por lo visto estuvo dándole la brasa a Warhol para que considerara un guión que había escrito, intentando convencerlo para que lo convirtiera en película. En principio podría parecer que la rarita Valérie se encontraría como pez en el agua rodeada de travelos, gáyers y artistas en general, pero la chica no cayó en gracia en The Factory, y al poco tiempo empezaron los malos rollos. Como Warhol pasaba de ella como de la mierda, la Solanas se mosqueó tanto que dio inicio al exterminio del macho pegándole 3 tiros al bueno de Andy. No lo mató, pero lo dejó hecho un cristo. Las secuelas del tiroteo dejaron una marca indeleble en el cuerpo y el ánimo de Warhol, y la escena del artisteo neoyorkino no volvió a ser la misma. Por su parte, Solanas acabó sus días haciendo honor a su apellido entre cárceles y psiquiátricos.

Todas estas aventuras están muy bien contadas en la peli "I shot Andy Warhol", dirigida por Mary Harron. La misma realizadora también ha rodado un biopic sobre otro icono, feminista a su manera, pero de legado mucho más amable: la reina de las pin-ups Bettie Page, cuyo flequillo es homenajeado todavía, medio siglo después, por fotologueras del mundo entero.
La foto del torso lleno de costurones de Andy Warhol es obra de Richard Avedon.