HAY QUE LEER
Bajo esta premisa me gustaría hablar de dos libros que no pasarán a la historia de la Literatura pero que pueden fomentar un hábito que en nuestros días se está perdiendo. No me considero una persona rara pero no concibo como la gente puede pasar por la vida sin leer nada. Aunque sea algo de Harry Potter. Entre otras muchas cosas, los libros nos ofrecen la posibilidad de vivir otras realidades. Vale, el Hola también y comerse un ácido pues también, pero ambas cosas no son recomendables para la salud a largo plazo. Hago hincapié en esta ventaja de la lectura porque creo que se ha abandonado en pos de otras formas de pasar el tiempo como son oir música, navegar por la Red, ir al cine y salir de botellón. Y en el fondo en todas ellas buscamos ocupar nuestro tiempo de ocio, escapar un poco de la puta rutina. Hay que obligarse a leer. Y si te enganchas al final no es obligación porque, joder, ¿qué hay mejor que estar en una terracita al sol leyendo un buen libro con una birrita y un bocata? Os lo dice una persona que lee pero que también me podréis encontrar en los peores afters. Hay tiempo para todo. Por favor, leed. Que vuestros amigos/as os dejen uno, pillarlos en la biblioteca o ir y robarlos en la Fnac, pero leed. En fin, paso al tema que nos ocupa.
El primero de los libros es “El búfalo de la noche”. Su incentivo es que está escrito por Guillermo Arriaga, co-guionista de “Amores Perros”, “21 gramos” y “Babel” junto a Alejandro Gómez Iñarritu. Se nota su oficio como “escritor de películas” porque la prosa de “El búfalo de la noche” es tan visual, concisa y sugestiva que no te cuesta nada imaginar lo que sucede proyectado en una pantalla de cine. De hecho, no tardaran en hacer una adaptación cinematográfica. Pero que esto no sirva para que digáis: ah, pues ya me esperaré a verla en cine. ¡No! ¡Mal! De verdad que merece la pena.
La historia: un triángulo amoroso entre dos amigos y una chica. Un tema muy manido, sí, pero en esta novela se le añade una sub-trama de suspense que te atrapa desde la primera página. Además de esta capa de intriga se habla de la amistad perdida, de la delgada línea que separa la locura y la cordura, del propio amor como forma de locura, de las relaciones paterno-filiales, de la falta de metas de la juventud… todo esto regado de acción y de la particular jerga mejicana salpicada siempre de expresiones tan divertidas como “güey”, “pendejo”, “chinga tu madre”, “cerdo putete”, etc…
La segunda recomendación es “Rant, la vida de un asesino” del escritor yanqui con nombre indio Chuck Palahniuck. Aunque desde su aclamadísimo “Figth Club” no ha hecho más que repetirse a sí mismo, en “Rant” encontramos algunas cosas interesantes. Destaca la manera coral de plantear la novela: está escrita bajo los testimonios de todos los que conocieron al protagonista. Obviamente, esto no es nada nuevo ni en literatura ni en cine: véase Trainspotting de Irvine Walsh o Ciudadano Kane de Orson Welles, pero en esta ocasión el conjunto queda muy heterogéneo. Hay capítulos en los que los personajes nos cuentan cosas que no tienen nada que ver con la historia. Y, precisamente ahí, en esas teorías descabelladas es donde aparecen (como suele ocurrir en los libros de Palahniuck), las joyitas. Como por ejemplo, la narración de un joven estudiante de informática que nos cuenta la disolución del cine en pos de un nuevo sistema de visionado de películas: la exo-carga, un sistema de realidad virtual -sensitiva en el que nos colocamos unas gafas y un traje de un material especial y nos “metemos” dentro de la película. Percibiéndola con los 5 sentidos y estando físicamente en ella. ¿Os imagináis tomar un café con Humprey Bogart en el Rick’s? ¿O pasar una noche de farra con Marilyn en “Los caballeros las prefieren rubias”? Sé de más de un ligre que se metería en una de Almodóvar. Pues eso, si quereís pasar un buen rato con las paranoias de este visionario, pillaros “Rant”, lo leeréis con una sonrisa en la boca.

El primero de los libros es “El búfalo de la noche”. Su incentivo es que está escrito por Guillermo Arriaga, co-guionista de “Amores Perros”, “21 gramos” y “Babel” junto a Alejandro Gómez Iñarritu. Se nota su oficio como “escritor de películas” porque la prosa de “El búfalo de la noche” es tan visual, concisa y sugestiva que no te cuesta nada imaginar lo que sucede proyectado en una pantalla de cine. De hecho, no tardaran en hacer una adaptación cinematográfica. Pero que esto no sirva para que digáis: ah, pues ya me esperaré a verla en cine. ¡No! ¡Mal! De verdad que merece la pena.
La historia: un triángulo amoroso entre dos amigos y una chica. Un tema muy manido, sí, pero en esta novela se le añade una sub-trama de suspense que te atrapa desde la primera página. Además de esta capa de intriga se habla de la amistad perdida, de la delgada línea que separa la locura y la cordura, del propio amor como forma de locura, de las relaciones paterno-filiales, de la falta de metas de la juventud… todo esto regado de acción y de la particular jerga mejicana salpicada siempre de expresiones tan divertidas como “güey”, “pendejo”, “chinga tu madre”, “cerdo putete”, etc…

La segunda recomendación es “Rant, la vida de un asesino” del escritor yanqui con nombre indio Chuck Palahniuck. Aunque desde su aclamadísimo “Figth Club” no ha hecho más que repetirse a sí mismo, en “Rant” encontramos algunas cosas interesantes. Destaca la manera coral de plantear la novela: está escrita bajo los testimonios de todos los que conocieron al protagonista. Obviamente, esto no es nada nuevo ni en literatura ni en cine: véase Trainspotting de Irvine Walsh o Ciudadano Kane de Orson Welles, pero en esta ocasión el conjunto queda muy heterogéneo. Hay capítulos en los que los personajes nos cuentan cosas que no tienen nada que ver con la historia. Y, precisamente ahí, en esas teorías descabelladas es donde aparecen (como suele ocurrir en los libros de Palahniuck), las joyitas. Como por ejemplo, la narración de un joven estudiante de informática que nos cuenta la disolución del cine en pos de un nuevo sistema de visionado de películas: la exo-carga, un sistema de realidad virtual -sensitiva en el que nos colocamos unas gafas y un traje de un material especial y nos “metemos” dentro de la película. Percibiéndola con los 5 sentidos y estando físicamente en ella. ¿Os imagináis tomar un café con Humprey Bogart en el Rick’s? ¿O pasar una noche de farra con Marilyn en “Los caballeros las prefieren rubias”? Sé de más de un ligre que se metería en una de Almodóvar. Pues eso, si quereís pasar un buen rato con las paranoias de este visionario, pillaros “Rant”, lo leeréis con una sonrisa en la boca.


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