Sasha Grey, la pornostar cultureta


Muy lejos del estereotipo de rubia oxigenada, siliconada y tonta del culo, Sasha Grey es una de las actrices porno más atípicas de la nueva hornada yanki. Si nos fiamos de lo que cuenta en su myspace, la chica es un dechado de virtudes y talentos: escribe poesías y relatos, toca la guitarra y hace gala de una cultura que para sí quisiera más de un redactor de revista de tendencias. Escucha a Joy Division, Bauhaus, Throbbing Gristle, Einsturzende Neubauten, Aphex Twin, Dead Kennedys y The Smiths, y habla del accionismo vienés y de la Internacional Situacionista, de Burroughs y de Bukowski como si tal cosa. Igual evoca su encuentro con Tony Wilson (RIP) que llora la muerte de Antonioni y de Bergman. Es posible todo esto en una californiana de apenas 19 años, o se trata de un truco de marketing para atraer a los pajilleros gafapastas?



Ella dice que se metió en el porno porque casi todo el que veía le parecía aburrido. Por ahora poco de esa inquietud estética y militancia posfeminista se trasluce en sus escenas, y seguramente habrá que esperar a que la chica lista dé el salto a la dirección, cosa que ocurrirá más pronto que tarde. Al menos su forma de actuar es de lo más desinhibida, quizá un pelín sobreactuada: es de las que no para de hablar a no ser que tenga algo en la boca. Ha follado con hombres y mujeres, blancos y negros, máquinas y peluches. No le acobardan anales, gargantas profundísimas, dobles penetraciones, bukkakes ni gangbangs. Hasta el jugo de 15 sementales es capaz de exprimir del tirón, para acabar haciendo gárgaras y burbujitas, sonriendo a cámara feliz como una perdiz. En año y pico ha participado en más de 60 pornos, ha trabajado con Rocco Siffredi y Belladonna, ha posado para fotógrafos de primera fila como Terry Richardson, acumula portadas de revistas, y aparece en el libreto del último disco de los Smashing Pumpkins. Hay gente que aprovecha el tiempo.


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