06 junio 2007

Las comparaciones son odiosas

Aquí debajo, las mujeres posiblemente más odiadas a ambos lados del Atlántico. Una posa estupendísima e ideal de la muerte para el fotográfo del talego. Que no se diga, porque ella lo vale. Ni su ingreso en la cárcel ni las constantes burlas y humillaciones por parte de los media pueden apagar la sonrisa de su rostro de muñequita barbie. Sus amigas pueden pasarse el rato entrando y saliendo de las clínicas de rehabilitación, pero ella permanece impasible y glamourosa como lo que es: una diva. La otra va casi siempre con cara de pocos amigos, con un gesto eternamente avinagrado, ejerciendo de víctima. Da muy mal rollo.

Una se ha propuesto dilapidar la fortuna de papá, y estamos perfectamente informados de todos lo pasos que da para conseguirlo. Su vida no esconde secretos para nadie: sabemos cuanto hace, dice, piensa (?), bebe, fuma, folla... De esa manera se ha convertido, si no en artista, sí al menos en mujer espectáculo. (El término "entertainer" le viene al pelo. A mí por lo menos me entretiene bastante). La otra ha amasado una fortuna a base de apropiarse (presuntamente) del dinero de sus conciudadanos, y es tan celosa de su intimidad, de su honor y de su dignidad, que en como le digas algo te mete una demanda. Sospechamos que tiene que haber mangado mucha pasta, pero no sabemos qué hace con ella. Bueno, del destino de la paga de su hijo sí que tenemos algo de idea. Una ya está cumpliendo condena, porque en la democracia más veterana del mundo la justicia es igual para todos. La otra anda libre (bajo fianza) y moviendo la bata de cola, porque aquí somos como somos. No hay color!