08 junio 2007

Chimo Bayo: el puto amo

Tardaremos mucho en olvidar lo de ayer. Qué digo? Eso no lo olvidaremos en la vida. Uno disfruta buena cosa con ciertos actos lúdico festivos, más cuando están bendecidos por el estigma de lo estrámbotico. Ya llevo unos cuantos a mis espaldas, así que no me duelen prendas al calificar el evento de ayer como uno de los más bizarros de mi vida, si no el que más. Se trataba de la presentación a los medios y a los amiguetes del último artefacto del simpar Chimo Bayo: un recopilatorio de remezclas acompañado de un DVD. Eso por sí sólo ya sería destacable, teniendo en cuenta el aprecio que le tenemos por aquí al artista. Pero lo que en manos de otro hubiera sido una presentación aburrida y rutinaria, gracias al gusto de Chimo por la puesta en escena y el espectáculo total se convirtió en una ceremonia del despiporre, en un canto al desenfreno. Y es que el piscolabis tuvo lugar en el Hotel Calor, un local de ambiente liberal y costumbres relajadas y relajantes. Un establecimiento del ramo del relax, vamos.

Pero lo bueno del caso es que, haciendo gala de una verdadera apertura mental y de ausencia de prejuicios, no había límites ni fronteras entre los asistentes circunstanciales al evento y la parroquia habitual del local, compartiendo todos fraternalmente y en armonía en un mismo espacio las viandas (jamón ibérico y queso manchego excelentes), el bebercio (vinito a tutiplén y cubatas al gusto), y la compañía de las simpáticas y distinguidas señoritas que por allí rondaban. Total, que mientras en la pantalla se proyectaban videoclips y documentales (el proyecto más ambicioso y mejor rematado de los Caixa Negra), y los altavoces no paraban de atronar jujás y chiquitántans (perdí la cuenta del número de remezclas del himno que sonaron, aunque la versión reguetonera me llamó especialmente la atención), una multitud de lo más variopinta (mayoría de varones en edad madura, pero también jóvenes de ambos sexos) se arremolinaba alrededor de las barras (la de beber y la vertical), y más de uno se perdió por el oscuro pasillo que conducía a las habitaciones.

Lamentablemente, la discreción que exige este tipo de lugares y su fauna nos impidió completar un reportaje gráfico digno de la ocasión, pero el recuerdo de la velada permanecerá por siempre en nuestros corazones. Gracias, Chimo!

Aprovechamos para reponer un fragmento de la sesión de
Chimo en La Fiesta Bisiesta, el 27 de febrero de 2004.